Asalto a una Casa Encantada

¿Qué mejor día para realizar un asalto a una casa abandonada que el día de Halloween y la víspera de Todos los Santos?

Cámara en mano, me dirijo por fin hacia esa casa, que en días como hoy, parece estar encantada y esperando que alguien la visite y se atreva a entrar en otro mundo. ¡Pero si te llama a gritos! La veo en la lejanía. Acelero el paso, y miro a mi alrededor, vigilando no cruzarme en el camino de miradas curiosas y aburridas, seguidoras número 1 de un tal Ociopasivo.

El día se presenta otoñal, lluvioso, lúgubre y teñido por multitud de tonalidades rojizas y anaranjadas. Me separan pocos metros de la entrada principal, únicamente oigo el sonido de mi respiración y de mis pisadas entre la hojarasca del camino. Me siento observada, pero a la vez intimidada por la imagen que se presenta frente a mí.

¡No me puedo creer que por fin lo vaya a hacer! Con las manos temblorosas y heladas por el frío y la lluvia, introduzco la llave oxidada de hierro y en la cerradura. Al girarla se escucha como retumban en el interior los crujidos de la puerta de madera, pero…nada. Insisto, muevo la llave y por fin, de un rápido empujón, de pronto, me encuentro dentro. El olor a polvo y a cerrado impregna el ambiente. Miro a mi alrededor, no veo nada, me cuesta acostumbrarme a esa oscuridad. Encuentro un interruptor, pero, como era de preveer, no hay luz. Sigo sin ver nada, y me lamento por no habérseme ocurido coger una linterna. No sé qué hay a mi alrededor por lo que comienzo a hacer fotos con flash y de esa forma poder avanzar.

Si, sé que parece estúpido, pero ante la desesperación del momento, ha resultado ser una buena solución.

(A la derecha, se puede observar la escobaLa escoba embrujada junto a la puerta. embrujada).

Por fin empiezo a acostumbrarme a la poca luz que entra por las ventanas. Tengo frente a mí unas escaleras, que suben hacia los dormitorios y la cocina. La madera no para de crujir, y resuena por toda la casa. Me sobresalto al escuchar mis propios pasos.

Está todo amueblado, la cama con las sábanas puestas, ropa en el armario, una mesa antigua con una máquina de escribir, cartas… Cuando veo la escena, me recorre un escalofrío, parece como si los dueños hubiesen vivido ahí hasta ayer, a pesar de llevar muertos más de un año. Hay una estantería que me llama la atención, con numerosos libros interesantes, con sus páginas amarillentas y deseosos de que les echen un vistazo.

En el piso de abajo, me encuentro con el salón. Nada más entrar, destaca una amplia estantería con multitud de objetos antiguos, cajas con muchísismos secretos por descubrir…buf!habría necesitado miles de horas…

Entro en otra habitación que parece que la usaron como almacén.

 

Rebuscando entre las multitud de cosas que voy encontrando a mi paso, hay varias joyitas, como esta antigua raqueta, cajas con ropa y con mantillas, una bicicleta oxidada, o como estas zapatillas “Keds” de los años 70.

 

 

 

Finalmente, mi aventura llega a su fin. Estoy helada y aún algo nerviosa. Dejo todo como estaba, abro de nuevo la puerta principal y la vuelvo a cerrar bajo llave. ¿ Quién sabe cuántos años más estarán estas cosas ahí? Yo desde luego, voy a hacer visitas más regulares para seguir investigando, que estoy segura que esto es solo el comienzo de mi asombro!.

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